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Por qué no funciona el parto
hospitalario
Aunque no lo creas, el enfoque médico del nacimiento en
la actualidad está basado en un modelo obstétrico masculino; y esto se
explica porque, incluso en la actualidad, la mayoría de los médicos son
hombres. Paso a paso y de una forma planificada y hasta disciplinada, se
espera que las mujeres dilaten y borren el cuello del útero según un
modelo ideal de regularidad preestablecido. Se espera que las
contracciones de las mujeres aumenten en intensidad y abran sus cervices
de manera metódica y oportuna, y que luego expulsen los contenidos del
útero de manera predecible, sin importunar a nadie, excepto,
probablemente, a la madre. ¡PUJA! ¡PUJA! ¡PUJA! A una mujer se le grita si
no "llega", perdón, si no saca al bebé lo suficientemente rápido. Esta
idea de "rapidez" proviene del ideal masculino del parto y todas sabemos
que "masculino" y "rápido" suelen ser sinónimos.
La mayoría de las veces y para la mayoría de los hombres, el orgasmo
masculino es, con su perdón, muy predecible. Pum, Pum, Pum, Pum, más y más
rápido: hasta que ¡Pop!, termina. En cambio el orgasmo femenino es mucho
más rico: girando cíclicamente y en espiral hasta llegar al éxtasis, las
sensaciones de la mujer disminuyen o se intensifican por lo que siente en
su interior. Algunas veces, es rápido e intenso; otras, serpentea
sonoramente. Los ritmos orgásmicos de cada mujer son intrínsecos, y
diferentes a los de las demás mujeres, e incluso la misma mujer jamás
tendrá dos orgasmos iguales. Y es que hay demasiadas variables implicadas:
¿Qué tan sexy se siente ella? ¿Puede pensar en una fantasía detalladamente
erótica o lo suficientemente simple para brindar estimulación intelectual
para lograr la satisfacción? ¿Le agradan los olores a su alrededor? ¿Desea
escuchar música? ¿Se siente bien, o tiene hambre? ¿Tiene ganas de ir al
baño? ¿Están sus uñas muy afiladas? ¿Entrará alguien sorpresivamente a la
habitación? Para los hombres, los orgasmos tienden a ser mucho más
sencillos: empuja, empuja, y a seguir con lo que estaban.
El problema está en que los hombres tienden a culpar a las mujeres por no
llegar tan rápido como ellos, se apresuran a etiquetarlas de sexualmente
"disfuncionales" y a decir que necesitan estimulantes artificiales o
terapia. Peor aún, si no pueden seguirles el paso a sus amantes
masculinos, las mujeres llegan a creer que eso es cierto.
Esta situación es comparable al parto: cada nacimiento, en cada ocasión,
en cada mujer, es único. Algunas veces rápido e intenso; otras veces,
lento y sosegado. Cada nacimiento sigue su propio programa intrínseco. Sin
embargo, si en un hospital una mujer no da a luz lo suficientemente
rápido, su trabajo de parto es considerado errático y se cree que necesita
drogas o manipulación. Se le hace sentir que no sabe parir, que es
"disfuncional", pues no puede seguir el ritmo que se espera. Nuevamente,
existen muchas variables involucradas: ¿Le pareció que la enfermera que le
hizo el examen pélvico estaba disgustada con ella? ¿Fue muy brusco su
médico, estaba muy apresurado? ¿Conoce ella a este médico? ¿Se la pasa su
compañero saliendo a fumar a cada rato? ¿Está incómoda? ¿Está inmovilizada
por estar atada a un monitor fetal electrónico o a un goteo intravenoso?
¿Está cansada? ¿Tiene hambre? ¿Es la habitación muy pequeña? ¿Huele mucho
a hospital? Todo esto interfiere con su parto de la manera prefijada y
metódica esperada.
En vez de reconsiderar lo apropiado o conveniente de la institución en la
cual está tratando de dar a luz, la mujer se culpará por su arrítmico
trabajo de parto, y aceptará toda la parafernalia del personal hospitalito
para el parto: gel de prostaglandinas, oxitocina sintética, drogas que
alteran la conciencia, epidural,
nacimiento quirúrgico fórceps, cesárea.
Como su compañero está acostumbrado a pensar que el cuerpo de su mujer no
funciona como se espera, tolerará y consentirá cualquier intervención que
se realice para que el parto sea más conveniente; incluso presionará a su
amada para que crea en la habilidad del hospital para salvarla de su
defectuoso cuerpo femenino.
Las similitudes continúan. Si durante el sexo alguien pincha repetidamente
a una mujer, mira fijamente su rostro y su cuerpo y la insta
impacientemente a que tenga un orgasmo, de seguro no lo tendrá. Lo más
probable es que se cierre y se sienta desolada e incompetente. Si una
mujer no se cree a sí misma sexy, no puede tener un orgasmo. Ni siquiera
el hombre mejor dotado ni el mayor vibrador zumbando implacablemente en su
clítoris harán que una mujer llegue al clímax, a menos que la mujer se
olvide de su ser exterior y "sueñe" que llega. Si una mujer siente que su
pareja se quedará viendo su papada o sus brazos rechonchos mientras está
en medio del éxtasis, no se abrirá al éxtasis. Si una mujer se siente
físicamente insegura (por ejemplo, el hombre que la acompaña la amenaza o
se muestra hostil a su sexualidad femenina), no dejará a su compañero ver
su yo íntimo, aunque podría fingir. Y es que es muy arriesgado ponerse en
una posición tan vulnerable.
Volviendo al parto: si una mujer no se siente lo suficientemente segura
físicamente para dar a luz, si la observan y la tocan continuamente, si ve
mesas llenas de tijeras, agujas y fórceps, si se le dicen que no puede
tener un parto sin intervenciones doloras y peligrosas, no hay manera de
que dé a luz; está más allá de su control consciente. Sabe que el ambiente
donde está no es seguro para parir: no puede dejar que su bebé salga si
ella está muy estresada o herida para cuidarlo. No puede dejarle salir si
no tiene la certeza de que estará a salvo en el mundo externo: ve "el
carrito de torturas" esperándolo; sabe que hay dolorosas gotas para los
ojos esperándolo; hay equipo de resucitación que pinchará sus pulmones
esperándolo; sabe que su hijo será examinado con frialdad y que será
alejado de ella, y que los mantendrán separados a discreción del hospital.
Sabe que hay extraños esperando para incomodarlo y observarlo. Es un sitio
donde cortan los penes de muchos bebés. En su interior sabe que no lo
puede dejar salir. Por eso detiene su trabajo de parto, pero el hospital
sí que sabe cómo sacar al niño a la fuerza, y robarle su parto.
Seguramente, luego le dirán que el hospital es el sitio más seguro para
dar a luz.
Las similitudes continúan. La oxitocina, liberada por la glándula
pituitaria en la base del cerebro, y que se libera más fácilmente en la
oscuridad, es la hormona con mayor responsabilidad en el parto; también es
la hormona más responsable del orgasmo. Todas las mujeres tienen el
potencial secreto de dejarse llevar: en su interior, tienen el
conocimiento que las llevará libremente a su sensualidad más dulce, y que
las hará flotar exquisitamente en sensaciones orgásmicas. Pueden sentir
con sus manos cuán bello y cuán sexy intrínsicamente es su cuerpo, y
explorar sus curvas secretas con un espejo o su mente. He descubierto que
la mejor parte de mis partos llega cuando estoy llena de sensaciones, y
estas maravillosas sensaciones provienen directamente de la oxitocina.
Dulce oxitocina: amor a tu hijo, sexo, parto, risa, alegría, cálida
compañía, amamantar; todos el mismo amor, todos la misma
oxitocina
dejarnos llevar por este río hormonal asegura los mejores
orgasmos y los mejores partos.
Nuestros mecanismos de supervivencia son muy listos; hemos creado, o
desarrollado, tal belleza y complejidad alrededor de algo tan sencillo
como el parto porque estoy convencida tenemos una gran inversión en el
futuro de nuestros hijos, tanto en tiempo como en recursos. Tenemos que
dar tanto a nuestros hijos, tan infinitamente, día tras día, que debemos
"amarlos" tanto como nos sea posible: debemos sentir el ímpetu familiar de
la oxitocina; debemos obtener tanto placer de nuestros hijos como sea
posible (no erótico. Aunque parezca confuso, el amor maternal y el amor de
pareja son muy similares químicamente.) Es lógico que el mayor ímpetu de
hormonas suceda en los primeros días, durante nuestros partos, y cuando
los bebés nos necesitan más que nunca. Por eso es criminal destrozar
médicamente el parto y separar a una madre de su bebé: se pone el peligro
la relación madre e hijo para siempre. En este aspecto, somos bastante
únicos, muchos otros animales simplemente excretan a sus crías y siguen
con su vida, mientras más rápido mejor.
Necesitamos ese rico flujo de hormonas; son una prueba de amor en la
sangre. Muestras tomadas en los humanos en diversos estados de éxtasis
revelan niveles sumamente elevados de oxitocina en relación directa con la
profundidad de las sensaciones de éxtasis. Necesitamos un éxtasis
explosivo de amor animal para apegarnos a nuestra cría, y sentirnos
obligadas a cuidar de ella.
Sin embargo, en nuestra cultura tecnológica occidental, se nos dice que
hagamos caso omiso a la intensidad de nuestra propia fisiología. Somos
animales sociales, y nos vemos obligados a creer lo que nos dicen los
"expertos". Nosotras, como mujeres, le preguntamos a nuestra sociedad qué
se espera de nosotras (principalmente repeler explosiones extasiadas de
amor animal), y accedemos para calmar a todos los que nos rodean. Se
espera que seamos "buenas chicas" y que no nos quejemos mucho,
especialmente sobre el mal sexo y los partos terribles. Se nos lleva a
pensar en lo ajenas que son las mujeres que tienen orgasmos múltiples y
partos sensuales.
Somos inmaculadas y patéticas en nuestra ignorancia. Nos dan biberones de
este saber popular cultural tóxico, y transponemos nuestro idealismo
infantil en los individuos y las instituciones a quienes confiamos nuestro
cuidado PRE, peri y postnatal. La mujer, cuando tiene a su primer bebé,
corre al hospital, y confía que sus médicos la cuidarán, y la tratarán tan
gentil y compasivamente como sea posible; su parto idealizado es como una
foto de una tarjeta de felicitaciones. Sin embargo, obtiene lo que la
mayoría de las mujeres modernas que tienen a su primer bebé en un
hospital: inducción, fórceps, epidural;
y se convierte en otra víctima de la ignorancia y la mentira que termina
por perpetuar las historias de partos de horror donde "se ha hecho daño".
Las demás mujeres que va a tener a su primer bebé piensan que nunca les
pasará a ellas.
Lo mismo sucede con su primer amante, con la famosa frase: "¿eso es todo?"
Ella esperaba que él conociera automáticamente todos sus puntos secretos,
pero al final descubrió que el éxtasis se alcanza mejor sola.
¡Sola! Los orgasmos de las mujeres florecen más libremente cuando se
logran lejos de interferencias y espectadores no bienvenidos. ¿No tiene
lógica que suceda lo mismo con nuestros partos? El parto es fácil y digno
de confianza. Es tan fácil como empujar a nuestros bebés para que salgan y
luego irnos a dormir. Y aunque sea lógico pensar mucho en él y dedicar
mucha energía para obtener los mejores partos para nosotras, no es lógico
pensar que nuestros partos requieren de muchos equipos médicos incisivos
yuxtapuestos desesperadamente, y de un ansioso personal de asistencia al
parto mal equipado. La parafernalia hospitalaria distrae del parto mismo.
Los cuerpos de las mujeres no necesitan todas estas intromisiones. Creer
lo contrario es como pensar que no se puede lograr un orgasmo sin tener el
mayor vibrador, el consolador artificial más grueso, la más pervertida
revista porno, y el hombre más caliente para ligar. En realidad, para la
mayoría de las mujeres, la mayoría de las veces, mientras más sencillo,
mejor. Artilugios exagerados distraen del sexo mismo.
¿Conclusión? Todos aquellos a quienes les excitan los partos hospitalarios
son pervertidos. Porque el equipo hospitalario que interfiere en el parto
realmente puede ser tan incongruente, escandaloso y erróneo como los
juguetes sexuales; y los médicos que se empañan en complicar el parto con
sus equipos de alta tecnología agresiva e implacable no son más que
pervertidos egocéntricos y patéticos. Las mujeres simplemente no los
necesitan. El parto es increíblemente sencillo: una apertura privada,
oscura y secreta de nuestro ser sexual ancestral. El parto no necesita
manipulaciones pervertidas.
Los bebés sí salen ya sea que lo queramos o no--, simplemente salen
porque necesitan hacerlo. Es mucho más sencillo y más placentero dejar que
nuestros bebés nazcan en privacidad y con alegría, y no en inseguridad
mecanizada y dolorosa.
Lailah MC Cracken.
Extraído de su libro Resexualizing childbirth
Traducido por: Andrea Anguera
www.birthlove.com
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