|
 |
Partos domiciliarios
Frente a la creciente
tecnificación médica del parto, existe una corriente que avala la necesidad
de recuperar el alumbramiento natural
Nacer es cada vez más seguro;
los avances médicos han logrado en Occidente que la mortalidad y la
morbilidad infantil se haya reducido enormemente gracias a los
procedimientos estandarizados de hospitales y clínicas. Sin embargo, existen
otras opciones para dar a luz: la madre puede elegir parir en su domicilio o
en una partería especializada. Al respecto, la OMS (Organización Mundial de
la Salud) sugiere que se ha de respetar el derecho de la mujer a elegir el
parto que desee. Si elige dar a luz en casa debe saber que en España sólo se
contempla esta opción a través de una clínica privada y siempre que el parto
sea de bajo riesgo.
César Martín para Consumer.es
Noviembre 2004
Menos del 1% de los
nacimientos
En España cada vez son más las
familias que solicitan un parto diferente al habitual de los hospitales. Una
mala experiencia en un parto anterior suele ser la razón principal por la
que las parturientas deciden tomar un papel más activo en el nacimiento de
sus respectivos hijos. Aunque en nuestro país las cifras observadas al
respecto son aún testimoniales y no llegan al 1%, en Holanda alrededor del
40% de los nacimientos trascurren en casa. En este sentido, muchas mujeres
reclaman que los alumbramientos se desarrollen de forma natural, bien en las
denominadas casas de partos o en los propios domicilios de las embarazadas.
Esta tendencia pretende convertirse en una alternativa a la estandarización
quirúrgica y farmacológica que se da habitualmente en las parterías de los
centros clínicos, la más recomendada por los médicos. Es decir, se aboga
porque la naturaleza siga su propio curso siempre que las cosas vayan bien,
sin más intervención médica que la precisa para garantizar la salud de la
madre y del bebé. Teóricamente, con ello, ambos se responsabilizan del
nacimiento, asistidos por una comadrona y acompañados sólo por los parientes
u amigos deseados. Los expertos avanzan que este tipo de fórmulas descubre
los instintos fisiológicos de la mujer y su intimidad, además de reforzar el
vínculo especial que unirá a madre e hijo. Ahora bien, en ocasiones, el
parto se sucede de forma complicada, por lo que no queda más remedio que la
participación facultativa para remediar las dificultades que puedan surgir.
Por esta razón, encontrar en España una opción diferente a la tradicional
para dar a luz resulta muy complicado debido a la tradición médica que
impera. Para buena parte de los médicos, tal y como explican desde ‘Nacer
en casa’, asociación de comadronas que promulga la bondad del parto
natural, parir en el domicilio es un paso atrás. A diferencia de lo que
ocurre en lugares como Inglaterra, Suecia o la citada Holanda, la mujer
española no puede elegir entre diversos tipos de parto, ya que la Sanidad
pública sólo ofrece un modelo de alumbramiento, el determinado por los
protocolos hospitalarios, explican desde esta asociación. Por lo tanto, si
una mujer desea tener a su hijo en su propio hogar, y las circunstancias así
lo aconsejan, deberá de acudir a la medicina privada.
El parto domiciliario exige el cumplimiento de una serie de requisitos,
controlados por la clase médica. En primer lugar, las comadronas que
atienden estos partos excluyen los casos que pudieran presentar riesgo para
la madre o el hijo. El seguimiento de la gestación debe ser, como en
cualquier otro caso, minucioso, por medio de pruebas y controles. También es
obligatoria la cercanía del hogar a un hospital para atender cualquier
emergencia. Se recomienda que el citado centro clínico no se encuentre a más
de 10 minutos del lugar en el que va a tener lugar el parto domiciliario.
La mayoría de profesionales médicos animan a los padres a reflexionar antes
de optar por el parto domiciliario. “Teóricamente, el parto como algo
natural podría desarrollarse en cualquier lugar. Sin embargo, hay que tener
muy en cuenta que el alumbramiento puede presentar complicaciones imposibles
de prever, incluso en pacientes que han tenido embarazos de bajo riesgo. Por
eso es importante estar preparado para afrontar cualquier imprevisto”,
explica Pedro de La Fuente, jefe del área de Obstetricia y Ginecología del
hospital 12 de Octubre de Madrid.
Perfil de la madre:
secundípara y sin problemas en la gestación
La opción de parir en casa
apuesta porque la naturaleza siga su curso. Ahora bien, no todas las mujeres
pueden acogerse a este método. El perfil de la fémina que puede recurrir a
un parto domiciliario con un nivel de riesgo aceptable es, según el servicio
de Obstetricia de la maternidad del madrileño hospital La Paz,
“preferiblemente secundípara –mujer que va a tener su segundo parto-, sin
patologías anteriores al embarazo, ni problemas en la gestación, que haya
recibido una preparación adecuada, que se ponga de parto espontáneamente y
que cuente con una infraestructura y posibilidades de traslado idóneas”.
Al respecto, desde el mismo centro médico indican que hay que ser
conscientes que un parto puede presentar complicaciones imposibles de
prever, cuyo tratamiento sólo se puede ofrecer en un centro hospitalario.
Entre este tipo de problemas, destaca el de los alumbramientos en los que el
cordón umbilical sale por delante del feto, de forma que éste lo comprime y
estrangula, o el de los que se complican con un desprendimiento de placenta,
o la presencia de heces fetales en el saco amniótico, entre otros. Además,
conviene saber que en el 10% de los partos el feto padece la llamada hipoxia
aguda -falta de oxígeno-, que sólo puede detectarse con la monitorización
del bebé y que puede provocar discapacidades intelectuales y físicas en éste
si no se remedia a tiempo. Finalmente, los partos de gemelos, de madres con
hipertensión o de fetos que vienen al revés –por las piernas- tampoco deben
ser atendidos en casa.
Pese a lo dicho, Antonio González, jefe del citado servicio, admite que el
parto en casa ofrece muchas ventajas para algunas mujeres. Pero también
subraya el hecho de que “estamos sujetos a unos condicionantes externos que
a veces hacen dificilísimo ponerlo en práctica, sobre todo en las grandes
ciudades”.
Estas palabras hacen referencia a que existen domicilios que no son aptos
para acoger un alumbramiento; en las grandes ciudades hay pisos pequeños,
sin ascensor o con accesos complicados, infraestructuras que no facilitan
este tipo de partos. Además, el tráfico provoca que sea prácticamente
imposible poder acudir al hospital más cercano en caso de emergencia en
menos de 10 minutos.
Garantizar la seguridad
Recientes estudios realizados en
Suiza y Holanda, y publicados en la edición especializada British Medical
Journal, revelan que el riesgo de parir en casa no es mayor que el de
hacerlo en el hospital, siempre que se realice tan sólo en los casos exentos
de complicaciones y con la ayuda de especialistas. Al respecto, desde ‘Nacer
en casa’ certifican este hecho con datos: el índice de mortalidad
materno infantil en este tipo de partos en el España es del 0,3%, frente al
1% detectado en los alumbramientos tradicionales. Desde la citada
organización, también aseguran que las incidencias natales en este tipo de
nacimientos son similares en número a las que pueden devenir en un centro
hospitalario. En este sentido, cifran en menos del 10% las episiotomías que
se realizan –pequeña incisión que se realiza en la madre entre el ano y la
vagina para facilitar el alumbramiento- en los partos domiciliarios,
mientras que en los partos hospitalarios la episotomía es muy generaliza y
se practica a la mayoría de las parturientas. Asimismo, relatan que sólo en
uno de cada 10 casos se hace necesario trasladar a la madre a un centro
clínico por complicaciones en el parto.
Frente a estas cifras, la realidad es que el número de padres que confían en
este tipo de partos es minoritario, aunque creciente. Entre otras razones a
las ya expuestas se encuentran las económicas: parir en casa puede llegar a
costar cerca de 1.200 euros por parto. En este sentido cabe reseñar que en
España existen en la actualidad alrededor de 30 profesionales que realizan
partos en casa desde hace 20 años.
Nacer es cada día más
seguro
Ángeles Pérez, comadrona de “Nacer
en Casa”, asegura que parir es “un evento biológico que no
requiere una sistemática intervención, ni química –para provocar
contracciones o eludir dolores- ni instrumental, a la que se someten los
alumbramientos en el hospital. Los protocolos se han generalizado y en
muchas ocasiones se aplican a parturientas y bebés que no los necesitan”,
apunta. Además, según sus palabras, la experiencia de traer a un hijo al
mundo en la intimidad del propio hogar, sin prisas, respetando el ritmo
normal de cada fase del parto, en la postura que cada mujer considera más
cómoda (que suele ser sentada, en el agua o de cuclillas) repercute en un
índice menor de complicación postnatales y, sobre todo, en una mayor
satisfacción de las mujeres.
Desde la clase médica explican que nacer es cada día más seguro. Al
respecto, desde el barcelonés Instituto Dexeus apuntan que, tanto la
morbilidad –grado de enfermedades- como la mortalidad infantil, ha
descendido en las últimas décadas. Tanto es así que entre los años 80 y 90,
las muertes entre la semana 28 del embarazo y los primeros siete días de
vida del bebé disminuyeron en un 35%. De hecho, hace 50 años fallecían 35 de
cada 1.000 bebés. Hoy, sólo fallecen 6 de cada millar. A todo ello hay que
añadir que la mortalidad materna en los países desarrollados es también muy
inferior a antaño, entre uno y dos fallecimientos por cada cien mil partos.
Entre las causas de los decrementos en la mortalidad de las parturientas
destaca el control de las hemorragias desde los hospitales. En la década de
los años 60 dichas complicaciones se daban en el 5,4% de los partos,
mientras que en la actualidad no llegan al 1%. Y pese a que han aumentado
las gestaciones de riesgo, con madres primerizas mayores de 35 años
–alcanzan el 71,21% de los partos frente al 38% en 1970, según la clínica
Dexeus-, el grado de incidencias médicas entre éstas no es mayor que el
registrado en el resto de madres.
Exceso
de cesáreas
Para muchos profesionales, el
parto se ha convertido en una suerte de planteamiento tecnológico. Hay datos
que sugieren que se interviene demasiado en nacimientos que podrían
desarrollarse por sí solos sin problemas. En este punto, la Sociedad
Española de Ginecología y Obstetricia estima que de alrededor de 400.000
bebés que nacen en España al año, el 25% lo hace a través de cesárea,
porcentaje que alcanza el 35% en centros clínicos privados. Estas cifras son
muy superiores a lo que aconseja la Organización
Mundial de la Salud (OMS). En sus ‘Recomendaciones
sobre los derechos de la mujer embarazada y el bebé’, dicho
organismo afirma que “los países cuyas tasas de mortalidad natal son las
más bajas del mundo tienen también las tasas de cesáreas inferiores al 10%.
No hay, pues, razón alguna que justifique un índice de cesáreas superior”.
El abuso de métodos quirúrgicos en los alumbramientos podría obedecer al
exceso de celo de la clase médica, a su apuesta por la cirugía defensiva
para eludir complicaciones posteriores y, por ende, posibles denuncias si
algo sale mal durante el parto, tal y como analiza Ángeles Pérez. “Nos
hemos vuelto tan civilizadas que hemos olvidado los instintos, que nos
ayudarían a parir de forma más natural. Muchas embarazadas ya no hacen la
preparación al parto, creen que con la anestesia no les hace falta, y ni
siquiera saben cómo encarar el parto”.
Uno de los inconvenientes más importantes que se da con los avances técnicos
en la gestación es la pérdida del protagonismo de la mujer. En muchos de los
centros sanitarios existen normas preestablecidas en las que la opinión de
la madre cuenta más bien poco. Desde ‘as’
alertan de que, por ejemplo, en relación a la episiotomía -incisión
quirúrgica que se practica en el periné para facilitar la expulsión del
bebé-, cuya práctica sistemática es injustificada para la OMS, en los
hospitales españoles se efectúa a más del 90% de las parturientas primerizas
y al 60% de las demás. Los obstetras señalan que con estas técnicas se
evitan futuros problemas de salud en la madre o que se reduce el sufrimiento
del bebé. |