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PROGRAMA DE ACTUALIZACIÓN EN GINECOLOGÍA
Y OBSTETRICIA
SOCIEDAD ESPAÑOLA DE GINECOLOGÍA Y
OBSTETRICIA
ESTRATEGIAS PARA DISMINUIR LAS TASAS DE CESÁREAS
L. Cabero Roura
No cabe ninguna duda de que a medida que se
han ido incorporando nuevos conocimientos fisiopatológicos, en la mayoría de
centros asistenciales, se ha visto como paulatinamente se incrementaba el
número de cesáreas. Un análisis profundo de este hecho nos llevaría a
determinar diversos aspectos. El primero de ellos serían los referentes a la
misma epidemiología del problema. Es un hecho que en determinados ambientes
no se conocen los elementos más básicos de un registro perinatal, lo que,
como es de suponer, dificulta en gran medida el dimensionado del problema, y
con ello la asociación epidemiológica, no pudiendo en esos casos establecer
una relación de causalidad con algún factor específico. Además, no siempre
los datos recogidos se obtienen de maneras semejantes. Por ejemplo, no
siempre se incluyen en las tasas publicadas las cesáreas electivas, o las
posteriores a otra cesárea (allí donde eso se practique). De todas maneras,
tal como es de suponer, las distintas cifras aportadas en la literatura son
la expresión de los distintos protocolos utilizados en los centros. Con el
fin de ilustrar mínimamente este hecho repasemos someramente algunos
ejemplos.
Una de las situaciones más controvertidas es el parto de nalgas. En algunos
centros el hecho de que la presentación podálica se presente en una
primípara, ya es suficiente como para realizar una vía alta. La política de
cesárea en función del peso (habitualmente con pesos inferiores a 2000 g),
la utilización o no de la cesárea en las presentaciones podálicas en los
embarazos gemelares, o bien en cesáreas anteriores y presentación podálica
son otros exponentes que pueden condicionar, de manera protocolizada, la
práctica de la cesárea. Sin embargo, la información disponible no avala
ninguna de las afirmaciones anteriores. Tal como muestran los resultados de
la evaluación realizada por el grupo Cochrane (Figs.1 y 2), la práctica de
la cesárea, tanto en las presentaciones podálicas a término, como las
realizadas en el segundo gemelo, no se acompaña de una mejora de los
resultados perinatales, desde el punto de vista feto-neonatal, y en cambio,
son rutinas incorporadas en una gran cantidad de centros y que, como no,
justifican un número significativo de cesáreas innecesarias.
Otro factor condicionante es la realización de la cesárea en los embarazos
gemelares cuando se trata de gestaciones monoamnióticas, y con
presentaciones podálica/cefálica. En muchos centros se opta por la cesárea
de entrada con el fin de obviar el engatillamiento de las cabezas, cosa por
otro lado muy excepcional. En otro sentido, hemos podido comprobar como a lo
largo de los últimos años, y en especial, en los últimos 15 años, ha habido
un significativo incremento de gestaciones múltiples, fruto en muchos casos
de la interferencia iatrogénica sobe el proceso reproductivo. Así lo que
antes eran rarezas (embarazos triples o más), ahora no lo son. En la mayoría
de centros, en estos casos se realiza una cesárea electiva o sistemática,
dado que difícilmente los tres o más fetos están todos en situación
longitudinal.
La actitud frente los casos de cesárea anterior es otro elemento de gran
importancia. Aunque más adelante nos centraremos en este punto, desde el
punto de vista epidemiológico vale la pena tener presente que en un número
importante de centros no intentan el parto por vía vaginal cuando la
paciente ha sido sometida a una cesárea previamente, o no realizan
inducciones en casos de cesáreas anteriores, o se practica la cesárea
siempre que ha habido una cirugía previa uterina, independientemente del
tipo de esa cirugía. Como se podrá comprender este apartado tiene un peso
específico muy importante en una tasa de un hospital determinado.
En una línea semejante a la anterior se debería incluir la actitud frente a
os casos de rotura prematura de membranas (RPM). En este epígrafe hay
protocolos muy diversos. Hay quien realiza cesárea sistemática en los casos
de RPM inferior a 30 semanas, otros cuando hay una RPM y una presentación
podálica (incluso a término), o cuando concomita con una gestación gemelar,
o con un cérvix muy inmaduro, o cuando han transcurrido más de 24 horas
desde la rotura, estando a término. Por lo tanto, como puede apreciarse,
existen multitud de formas de actuación cuando hay una situación de RPM, y
con prácticas de cesárea muy diversas.
Otro elemento de valor en los datos epidemiológicos es el protocolo
utilizado en los casos de diabetes. Como ya saben, algunos centros, en los
casos de diabetes I y cérvix inmaduro, no intentan el parto vaginal y se
deciden por una cesárea de entrada, o cuando se sospecha ecográficamente una
macrosomía, o bien existe hidramnios, o concurre una presentación podálica
o, incluso, cuando existe además una RPM. En estos casos, existe una
tendencia muy acusada en un gran número de centros a realizar una cesárea,
sin intentar apenas el parto por vía vaginal.
La actitud terapéutica ante las situaciones de sufrimiento fetal, es otro
buen ejemplo. Es un hecho que ante una situación de sufrimiento fetal
intraparto, la mejor terapéutica es la extracción del feto por la vía más
adecuada y de la forma más rápida posible. Sin embargo, en un porcentaje
importante de casos (más del 70%), la terapéutica con beta miméticos permite
mejorar la condición fetal, y en determinados casos, permitir la continuidad
del parto y llegar al expulsivo por vía vaginal. Es cierto que este tipo de
estrategia se basa en el diagnóstico bioquímico de la condición fetal, y por
ello, cuando no exista posibilidad de estudio del equilibrio ácido-básico,
no se puede utilizar. Ahora bien, en los centros en los que si se utiliza,
han podido comprobar cómo la tasa de cesáreas por sufrimiento fetal, es más
baja que en aquellos que no lo utilizan. Por lo tanto, la propia definición
del sufrimiento (bioquímico o no), y la estrategia utilizada, condiciona en
gran medida el número final de cesáreas de un centro.
Por último, y para finalizar este repaso epidemiológico, la técnica
utilizada para la práctica de las inducciones, es otro elemento de gran
importancia. El hecho de la realización o no de una maduración cervical
previa con PGs en aquellos casos en los que el cérvix es muy inmaduro, o la
utilización de la oxitocina mediante bomba de infusión, son variables de
gran peso en la justificación del tipo de finalización del parto en esos
casos.
A tenor de lo que hemos comentado hasta ahora será fácil comprender cuán
discrepantes son las cifras, tan sólo aduciendo como causa los distintos
protocolos de actuación frente a ciertas situaciones obstétricas. No cabe
duda que existen otros condicionantes, algunos nada relacionados con el arte
ni con los preceptos profesionales, y que en ciertos ambientes, justifican
también un número muy elevado de intervenciones.
Cuando se analizan las causas o los motivos reseñados en las historias
clínicas de los hospitales, casi siempre se detectan epígrafes muy
parecidos, y que constituyen verdaderas situaciones patológicas, cuyo
tratamiento es la extracción fetal inmediata. En las figuras 3 y 4 se
reseñan las más importantes, y sobre las que existe poca controversia, a
excepción de algunos, que ya hemos comentado (sufrimiento fetal, por
ejemplo). Sin embargo, en la figura 5 se reseñan algunas causas, que
podríamos denominar no confesadas, y que en ciertos ambientes constituyen el
apartado más numeroso, y que por lo tanto vale la pena analizar.
En determinadas ocasiones se practica lo que podríamos denominar el
nacimiento a la carta. Cada vez más, la cultura popular ha ido adquiriendo
la convicción de que el nacimiento es algo que forma parte de los
compromisos sociales que cumplimentamos, y que por ello, se debe preparar y
programar de manera adecuada: en un periodo vacacional de la familia, cuando
se haya finalizado tal o cual proyecto, cuando el marido que viaja está en
casa, etc. Pero también es el propio médico que ha brindado estas
"magníficas" oportunidades a sus pacientes. "Mejor hoy que tengo a todo mi
equipo que mañana sábado que estaré fuera" etc. Es decir, el propio obstetra
ha provocado la decisión en miras a un interés personal. En otras ocasiones,
la "carta" ha estado propiciada por que en esas ocasiones existe una
diferencia cuantitativa importante de honorarios, e incluso a algunos
sanatorios les conviene esta estrategia, con la que consiguen utilizar
durante más tiempo sus propios recursos, con el consiguiente incremento de
productividad, así como tienen un mayor índice de ocupación y facturación de
sus unidades de enfermería u hospitalización. Por otro lado, el médico, que
ha de hacer horas extraordinarias para llegar a un salario que considera
óptimo, no puede permitir que un parto le distorsione una consulta privada.
Si a eso le unimos que hoy día una cesárea se puede realizar en menos de 45
minutos, y que un parto como mínimo puede durar ese mismo tiempo, pero en un
momento no controlado, no es de extrañar que se opte por el camino más
fácil. Por si fuese poco, dada la disminución importante de la natalidad,
cada vez hay menor preparación de los nuevos especialistas, lo que hace que
exista un nivel de capacitación inferior, hecho que el médico acepta y
soslaya realizando una técnica fácil y rápida como es la cesárea. Si a todo
ello le unimos el miedo médico-legal (siempre se condena por no haber hecho
una cesárea en un caso determinado, nunca al revés), y la presión social
desmesurada (incluso para evitar secuelas sexuales provocadas por el parto
por vía vaginal), se comprenderá que haya una tendencia, casi diríamos que
inevitable, para que los médicos practiquen cesáreas de manera pródiga.
No obstante, también se ha de citar la otra cara de la moneda y que
frecuentemente se olvida. La cesárea no es una intervención exenta de
complicaciones, algunas de las cuales, graves. En las figuras 6 y 7 se citan
las más frecuentes. Como se comprenderá, algunas complicaciones son debidas
a la propia indicación de la cesárea (situaciones maternas de extrema
urgencia), pero otras son propiamente inherentes a la técnica en sí. Por
ejemplo, las complicaciones infecciosas son mucho más numerosas y graves que
en el parto por vía vaginal, y ciertas ocasiones obligan a terapéuticas muy
agresivas (histerectomías, etc.), con una morbimortalidad materna alta, aún
a pesar de la gloriosa era de antibióticos en que vivimos. No es raro que se
deba transfundir a una paciente, con un porcentaje que varía del 1 al 6%,
con las complicaciones que ello puede acarrear. Ha de hacerse hincapié en
que es una intervención que sangra, y que este sangrado está directamente
relacionado con la habilidad del cirujano. Por lo tanto, este punto, de
capital importancia, pocas veces se reseña o se palia con medidas adecuadas
(tutoría efectiva por parte de un senior). En no pocas ocasiones, fruto
muchas veces de la indeseable rapidez, se lesionan otras estructuras
vecinas, con sus inevitables secuelas o consecuencias. Además, con
frecuencia se presentan episodios, muchas veces transitorios, de íleo
paralítico, hecho realmente raro en el parto por vía vaginal.
Dado que la cesárea ha de realizarse inexorablemente bajo una anestesia, se
añaden, además, las eventuales complicaciones de la anestesia, sobre todo
cuando es una anestesia general, o cuando además se ha hecho de manera
urgente.
El postoperatorio es mucho más doloroso, la pérdida loquial es superior, y
la probabilidad de abandonar la lactancia materna también. Ya en otro orden
de cosas, las cesáreas se acompañan de una prolongación de la
hospitalización, con un incremento de los costes de todo tipo, etc. Y una
mayor probabilidad de que en el futuro se repita la intervención en una
nueva gestación.
Por lo tanto, por lo que se puede apreciar, es una intervención con una
morbimortalidad materna muy superior a la observada en el parto por vía
vaginal, y a grandes rasgos podemos decir que está multiplicada por 10.
Desde el punto de vista fetal, es necesario indicar que el parto por vía
vaginal comporta toda una serie de beneficios adicionales al futuro recién
nacido. Tal como muestran las figuras 9 y 10, el parto vaginal provoca una
serie de cambios a nivel pulmonar que favorecen el establecimiento de la
respiración extrauterina (aumenta el surfactan disponible, aumenta la
reabsorción del líquido alveolar, aumenta la compliance pulmonar, e incluso
dilata los bronquiolos), aumenta el flujo de ciertos órganos vitales,
moviliza las sustancias fuel (produce una lipólisis y una neoglucogenolisis),
e incluso existen algunas evidencias que sugieren un incremento del sensorio
(dilatando las pupilas, o incrementando la sensación de alerta).
Cuando se practica un análisis de los costes de este proceso, se aprecia la
gran diferencia con el parto por vía vaginal. Para poder realizar el estudio
de costes por proceso, un centro ha de disponer de su catálogo de productos
(con sus precios correspondientes), estandarizar de manera adecuada el
material común, estipular los estándares del tiempo del personal médico y de
enfermería, el del personal indirecto de soporte organizativo, conocer my
bien su inventario así como las amortizaciones, los costes de los servicios
generales (lavandería, alimentación, refrigeración, teléfono, etc.), así
como la correspondiente prorrata de las estructuras directivas. Una vez
conocidos estos datos, uno puede realizar el estudio de costes, y podrá
apreciar cómo el coste por cesárea sin complicaciones (GDR 371) es más del
doble que el del parto vaginal sin complicaciones (GDR 373) (ver figuras 11
y 12) y que a grandes rasgos son 426.000 Ptas. vs 208.000 Ptas. (3050$ vs
1480 $). Es más, hagamos el cálculo de otra forma. Si en el Hospital
Universitario Materno-infantil del Valle Hebrón, se descendiese en 1% la
tasa de cesáreas, se produciría un ahorro neto (en términos económicos) de 9
millones de Ptas. (64.285$) por año. En Cataluña un ahorro de 150 millones
(1.071.428$) y en España 900 millones de Ptas. (6.428.571$) (ver figura 13).
Estos números se han calculado solamente utilizando los costes por proceso,
no incluyendo el coste de las alternativas, es decir, el ahorro del coste
por las complicaciones, o por la distinta evolución de los recién nacidos.
Hechas estas consideraciones previas, en las tablas que se presentan a
continuación puede apreciarse la amplia distribución de las tasas en
diversos países, alguno de los cuales con cifras superiores o muy cercanas
al 30 % (Méjico, Puerto Rico, Brasil) junto con otros con cifras muy bajas,
incluso por debajo del 15% (Japón, Dinamarca, etc.)(ver figura 14). En
España la cifra oscila entre el 16 y el 24 %, en función de la Comunidad
Autónoma. En nuestro centro, la evolución de la tasa se recoge en la figura
15.
Es interesante observar cómo en USA, que seguía una tasa ascendente de
manera muy evidente desde 1965 (figura 16), en los últimos años, y tras un
esfuerzo muy notorio por parte de las autoridades sanitarias, se ha
apreciado un paulatino descenso (figura 17), aunque todavía se sitúan por
encima del 20%.
Un dato interesante de reseñar es el papel del sexo fetal en la tasa de
cesáreas. Se ha podido constatar de manera repetida, cómo los fetos de sexo
varón, tienen mayor probabilidad de nacer por cesárea que los fetos hembras
(figura 18). Así mismo, la edad materna tiene un papel importante, y esto
vale la pena reseñarlo debido a que, en la mayoría de países, se aprecia un
incremento paulatino pero constante de la edad materna del primer hijo,
hecho que llega a provocar un incremento muy notorio de mujeres que son
primíparas en el grupo de madres con edad superior a los 34 años (figura
19). Pues bien, como decíamos, a mayor edad materna, mayor porcentaje de
cesáreas. Aquí se podrían argumentar varios factores (mayor incidencia de
diabetes, de hipertensión, de desprendimiento prematuro de placenta, etc.),
pero el hecho es que cuanta mayor sea la edad, más probabilidad de finalizar
mediante cesárea. Este hecho también se ha demostrado en Cataluña en donde
se aprecia cómo el colectivo de edad superior a 34 años tiene una tasa de
cesáreas de cerca del doble de la observada en edades inferiores a 20 años
(figura 20).
Una observación muy interesante, a la vez que preocupante, es la diferencia
de tasas observadas entre los hospitales de titularidad pública versus los
de titularidad privada. En Cataluña se ha constatado, de manera persistente,
cómo los hospitales privados tienen una tasa muy superior de cesáreas (más
del 30% de desviación) (figura 21), en relación con los hospitales públicos.
Probablemente aquí puedan aplicarse parte de los postulados ya discutidos
anteriormente, dentro de lo que podríamos denominar como causas no
confesadas.
Es interesante hacer mención de un estudio realizado entre el propio
personal médico y la forma de finalizar el parto, cuando son ellos mismos
las madres en trance de parto. Tal como se parecía en la figura 22, entre el
personal médico existe una tasa superior de cesáreas (30,8% vs 29,9%), y
esta diferencia también se constata cuando se estudian las cesáreas
electivas (19,2% vs 13,5%), lo que informa de la cultura que la propia clase
médica tiene sobre el proceso del parto. Hemos de indicar, de todas maneras,
que las diferencias, cuando se estudian desde el punto de vista estadístico,
no son de momento significativas.
Hecho todo este análisis la pregunta que surge con fuerza es: ¿Qué podemos
hacer para modificar este panorama?.
Existen varias cosas, y la mayoría de ellas han testado su beneficio. En
primer lugar el procurar un audit. externo de los resultados. Es decir, que
alguien, sin ningún tipo de prejuicio previo, evalúe y revise los datos. Así
que como primera premisa es que los datos existan, y estén en estado de
poder ser revisados. Tan sólo este hecho muchas veces es suficiente para
poner encima de la mesa, y aflorar, muchos problemas inherentes a la
realización de las cesáreas. Es necesario revisar la política de pagos a los
médicos. En ciertos ámbitos, el médico recibe los mismos honorarios tanto si
el parto es por vía vaginal que si es por cesárea. Así mismo, los hospitales
pueden contratar paquetes de servicios, y no cada proceso en particular, tal
como ocurre con la mayoría de hospitales públicos con el financiado de
servicios. Además, es necesario cambiar la cultura de la mala práctica,
especialmente en los ambientes judiciales y legales. En este sentido la
Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) hizo una serie de
reuniones entre las partes implicadas, e incluso se editó un libro sobre los
aspectos medicolegales del ejercicio de la profesión, mejorando con ello las
condiciones de trabajo. En este campo, ha de hacerse un esfuerzo adicional
con el cuerpo de forenses dado que son los responsables de una gran cantidad
de informes judiciales.
Otro punto de capital interés es el ejercer una adecuada política de
incentivación entre los profesionales. En ciertas compañías prestadoras de
servicios (mutualidades, compañías de seguros, etc.), priman al profesional
que realiza menos cesáreas, manteniendo los mismos ratios de calidad
(indicadores de proceso y resultados), siendo así que incluso llegan a
contratar distintos honorarios (aumentando éstos cuantas menos cesáreas
realizan). Las propias compañías consideran que la mayor dedicación del
personal que atiende al parto (médico, matrona, etc.), requiere una mayor
compensación económica, habiéndose demostrado que la dirección médica del
parto, desde su inicio, disminuye la tasa de cesáreas.
Otro gran capítulo en las estrategias de mejora es el referido a los cambios
educacionales de los equipos. Este es un capítulo amplio, y probablemente el
más importante. En primer lugar ha de haber un cambio cultural significativo
entre los profesionales y presentar sus propios resultados y, lo más
importante, la evolución o los cambios en las tendencias. Es necesario
incluso hacer reportes especiales para casos y situaciones concretas. Debe
existir una política dentro de los servicios que auspicie las declaraciones
y los reportes. Todo ello ha de estar debidamente protocolizado, y en este
sentido, debe ponerse énfasis en que cada centro debe disponer de unos
protocolos y guías de actuación para los casos comunes o más frecuentes. Así
mismo, deben estipularse programas dedicados a la disminución de las
cesáreas, como por ejemplo las sesiones clínicas de discusión de los casos,
o incluso el análisis por pares (peer review) de todos los casos, a parte de
que exista una supervisión general por parte de la comisión de control de
calidad. En otro orden de cosas, las instituciones públicas y privadas han
de hacer un esfuerzo de comunicación importante, y debatir las distintas
causas y los distintos factores influyentes.
En relación con la protocolización de los casos más frecuentes, como mínimo
cada servicio ha de disponer pautas de actuación en los casos de
presentación podálica (versión externa o no, límite de peso para permitir el
parto por vía vaginal, podálica y RPM, inducción en podálicas, podálica en
gemelares, etc.), de parto estacionado, y en este aspecto vale la pena hacer
mención de la definición de parto estacionado recientemente realizada por el
América College of Obstetrics and Gynaecologists, una correcta
protocolización de los prematuros, del tratamiento del sufrimiento fetal
intraparto (la utilización de beta miméticos provoca un ahorro del 48% de
cesáreas con la indicación de sufrimiento fetal)(figura 23), de la inducción
del parto (PGs, amniotomía, etc.), y en los casos de cesárea anterior, en
especial cuando no existen factores de riesgo (incisión previa de tipo
clásico, pelvis anómala, macrosomía demostrada, complicación médica u
obstétrica que impida el parto por vía vaginal, imposibilidad para la
realización de una cesárea urgente, etc.).
Existen otras medidas adicionales que así mismo han demostrado su beneficio.
La existencia de un adecuado control prenatal, con educación
médico-obstétrica incluida, mejora los resultados debido a que evita la
aparición de condiciones que generan indicaciones de cesárea. El que exista
personal entrenado en la sala de partos, como las matronas, hace que se
realice un diagnóstico muy precoz de alteraciones corregibles (distocias
dinámicas, estrés materno, etc.) y que conllevaría a la indicación de la
intervención. Un soporte emocional adecuado, con una correcta información de
su proceso en todo momento, evita la presión social que en un momento dado
se puede ejercer sobre el médico, obligándolo a decidir la intervención sin
una indicación precisa. La correcta dirección médica del parto es
indispensable, y tan solo la vigilancia eficiente de todo el parto puede
evitar un gran número de complicaciones.
Por último, el parto debe realizarse en un medio con una infraestructura
adecuada, es decir, con los elementos necesarios para tratar cualquier
eventualidad. En caso contrario cabe dos posibilidades, o se traslada la
enferma a un centro de complejidad superior, y eso no siempre es factible, o
se realiza una cesárea para evitar situaciones comprometidas que no podrían
resolverse por falta de infraestructura. Por lo tanto, en ese cometido las
leyes de acreditación de los centros han hecho un gran paso adelante que
intenta soslayar esos inconvenientes.
Con todo ese bagaje, y fruto de las conclusiones de diversas fuentes de
información, hoy día puede aceptarse que el rango de cesáreas óptimo estaría
entre el 7,8 y el 17,5% en función del case-mix. En la figura 24 se muestran
los porcentajes máximos y mínimos en diversas situaciones, y que dependen en
gran medida de los diversos protocolos y el nivel de complejidad asistido en
cada centro.
Es un hecho que, vistas las tasas reseñadas, se realizan un gran número de
cesáreas innecesarias, pero también es verdad que ciertos factores,
totalmente ajenos al ámbito médico no ayudan a mantener unos ratios
aceptables. La conjunción de esfuerzos de todos los ámbitos sociales, y la
cultura de mejora que ha de prevalecer en nuestros profesionales, será la
mejor medida encaminada a encarar el futuro de la evolución de las tasas con
un cierto optimismo.
BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA
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