P R O L O G O

Correspondo al ruego que me ha dirigido la autora de este trabajo, redactando unas líneas de prólogo que, enjuiciándolo, sirvan al mismo tiempo de presentación.

Siento que se haya fijado en mí atención que, atribuyo a su deseo de dar al jefe esa supremacía que, más que un halago me supone una tortura- , y no ha ya recurrido a firmas más autorizadas y competentes con las que también tiene relación directa, pues soy enemigo acérrimo de alabanzas cuando éstas pueden suponer una propaganda a la que nunca me presto, aunque, en este caso, tenga que traicionarme a mi mismo.

Sin embargo, accedo gustoso, en primer lugar, por tratarse de una señora y, además, de una comadrona competentísima y matrona por oposición de la Beneficencia Municipal, de cuyas inmejorables condiciones profesionales, durante los cinco años que trabaja a mis órdenes en el Seguro de Enfermedad, nunca tuve motivo para dudar, antes.
Al contrario, su actuación, celo, buen trato para con las parturientes y la excepcional meticulosidad demostrada en la presentación de historias y estadísticas me dejaron siempre satisfecho.

Ahora, después de leer su magnífico trabajo, descubro en ella un loable deseo de superación y unas excelentes dotes pedagógicas y creo sinceramente que sus sencillos consejos, llevados a la práctica, pueden contribuir eficazmente a resolver el obsesionante problema que, desde hace siglos, viene preocupando a quienes nos dedicamos a ayudar a la mujer en el trance obligado para llegar a la condición augusta " de la maternidad: el parto sin dolor.

El tratamiento psicológico de la futura madre durante el embarazo y el parto, descrito .con la claridad con que se expone en este trabajo, no cabe duda que. ha de dar resultado, ya que, quienes intervenimos en estos procesos, comprobamos constantemente las ventajas que suponen contar con la confianza de la embarazada y con su convencimiento de la eficacia; de su propia colaboración, condiciones ambas que se pueden conseguir mediante la lectura de este libro y la práctica de sus acertados ejercicios y consejos.

La preparación previa al parto, tal como se preconiza en esta obra, se impondrá con el tiempo, del mismo modo que se ha impuesto el internamiento en los sanatorios para la asistencia de partos normales, cuando ha quedado vencida la resistencia que, “debido a prejuicios y temores sin fundamento, ofrecía la mujer” y sus allegados, de tal forma, que es rara la que actualmente se opone a tal medida. La seguridad de verse rodeada de toda suerte de garantías ha obrado este cambio. Del mismo modo la tranquilidad de espíritu que una preparación " previa la habrá dado, la "conciencia adquirida del acto que la elevará a la categoría de madre y la seguridad de la eficacia de su propia ayuda en el momento del parto, la convencerán de la necesidad de someterse a este tratamiento preventivo, acudiendo a unas charlas dadas por comadronas, con lo cual quedaría asegurado un gran tanto por ciento del éxito en el parto sin dolor. Recomiendo a las matronas la lectura detenida de esta obrita y la puesta en práctica, sin críticas, de los consejos y ejercicios que en ella se exponen hasta convencerse de su eficacia. Ahora bien, hay que darse cuenta de que no es posible una preparación mediante el método que se recomienda cuando la embarazada está en período avanzado de dilatación o de expulsión, como sucede a menudo, sino que debe emprenderse con la antelación necesaria. Contando con tiempo suficiente y con buena voluntad la preparación es perfectamente realizable.

A las embarazadas a quienes la autora dirige también sus consejos, les recomiendo los sigan al pie de la letra en la seguridad de que no se arrepentirán al comprobar que el parto no es una situación tan trágica como las amigas lo pintan, con una inconsciencia lamentable, sino un acto normal y fisiológico en el que, si bien han de realizar un esfuerzo, éste se ve compensado con la inigualable dicha de saberse y sentirse madre.

Dr. PUEBLA RIDAURA. Miembro de la Sociedad Ginecológica Española.

I N T R O D U C C I O N

Un día, mientras esperaba el autobús, junto a un kiosco de periódicos, me llamó la aten{:ión una revista, en cuya portada sonreía un niño.

Tenía entre sus manitas la cara' de su madre y la besaba con un gesto, tan tierno, tan dulce, que no pude resistir la tentación de comprarla.

Su contenido era el corriente en las revistas femeninas: figurines, novelas, consultorios, recetas culinarias y un reportaje titulado " Parto natural en San Antonio ".

La lectura de aquel reportaje me volvió los sesos agua, como a D. Quijote los libros de Caballería. Yo tengo vocación de matrona; creo que nuestro trabajo es tan duro, tan lleno de responsabilidad, que no comprendo pueda hacerse únicamente a cambio de unas monedas.

Hay que sentirlo y hacerlo por vocación. Entonces, las dificultades se achican, las molestias personales se desvanecen, y nuestra profesión, se convierte en una hermosa misión de amor, de ayuda al
prójimo.

Digo esto, que supongo coincide con la opinión o sentir de mis colegas, para que se comprenda mejor la impresión que me hizo aquella lectura.

San Antonio es un hospital parisién, en el faubourg del mismo nombre, frente a la estación del metro de Faidherbe-Chaligny.

Si ahora cierro los ojos, imaginativamente, puedo ver las arcadas de sus porches; las flores de sus jardines; los nombres gloriosos pintados en negro sobre las puertas de sus salas: Pinard, Mauriceau, Baudelocque; sus matronas con batas rosa pálido.

Entonces aquel nombre no me evocaba nada. El reportaje hablaba de cosas tan inverosímiles, tan increíbles, como dar a luz sin dolor y sin anestesia. A mí no me cabía aquello en la cabeza, pero la posibilidad de que fuera cierto no me dejaba vivir.

Desde mucho tiempo venía dándole vueltas al, para mí insoluble problema de, aliviar de algún modo los terribles dolores del parto.

Hablo para las matronas, de las cuales muchas de Madrid me conocen. Saben donde vivo, como me desenvuelvo y cual es mi clientela. Maternidad de Beneficencia, afiliadas al Seguro Obligatorio de Enfermedad y, muy de tarde en tarde, un parto modestito, de matrona sola, en casa de un obrero.

Jamás he hecho un parto normal con anestesia. Yo siempre he visto los partos entre dolores, angustias, miedos y gritos, que toda mi paciencia y mi ternura no eran capaces de contrarrestar.

Sé muy bien, que la anestesia requiere la presencia de un médico, por los peligros que encierra y las intervenciones a que frecuentemente da lugar, y en disponer de un médico para cada una de mis clientes, no había ni que pensar.

Era un mal irremediable, imposible de resolver. Paciencia, tila y cariño, era todo lo que podía poner al servicio de las mujeres cuidadas por mí en su parto.

Pero, lo que decía aquella revista, sin medicinas, sin peligros, sin contraindicaciones, sin requerir conocimientos superiores a los que yo tengo lo podía hacer cualquier matrona y en cualquier sitio, sin perjuicio para nadie y con ventajas para todos.

No le encontraba más que un inconveniente: Que no fuera verdad. ¡París está tan lejos! ¡Y dicen cada cosa los periódicos!

A partir de aquella lectura, cada parto me hacía sufrir, pensando en aquel parto natural de San Antonio y en que quizá yo tenga en mi mano la forma de buscar remedio al dolor.
Pero no estaba convencida, me sentía cobarde y vacilante. Parecía que alguien dentro de mí, un ángel o un demonio, me empujaba a investigar aquello, a lo cual yo me resistía.

Me pasaba las noches sin dormir, oyendo en mi interior, como una letanía: Hay que ir a San Antonio. . . Hay que saber si es verdad. . . Hay que ir. . . Hay que saber. . .

Total que me quedé sin vacaciones, me castigué yo misma por curiosa, y he pasado el mes de agosto de más trabajo de mi vida, pero he conseguido lo que yo deseaba ver y saber.

Matronas de toda España, amigas mías: lo increíble es verdad.

He visto a toda clase de mujeres dar a luz con la sonrisa, en los labios he visto resolverse como por encanto dificultades que hubieran necesitado, en la mayoría de los casos, intervenciones quirúrgicas. Estoy maravillada.

Pero aún falta lo mejor. Antes que matrona, soy mujer. Lo que más me entusiasma del método que os presento es la elevación, la dignificación de la mujer con ocasión del cumplimiento de sus nobles deberes de madre.

La embarazada deja de ser una enferma, un caso, confiada ciegamente a otras personas que, a veces, ni conoce siquiera, en un asunto del que sólo sabe que de él depende su vida y la de su hijo marchando a ojos cerrados por un camino ignorado.

Con este método, la embarazada aprende y sabe, se convierte en una mujer consciente y animosa que, por amor al hijo que aún no ha nacido, se dispone a cumplir valerosa e inteligentemente una misión, que se confía a nosotras, con los ojos bien abiertos y la mente espabilada, amistosamente, porque se siente segura de nuestra ayuda y de nuestra comprensión.

A lo largo de la preparación, durante las charlas, las preguntas y las dudas aclaradas, se crea un, ambiente de cariño, de elevada moral, de compenetración entre ellas y nosotras, que, por sí sólo, vale todo el método.

He escrito en forma de charlas e ilustrado con numerosos dibujos para su más fácil explicación la manera de ejecutar la preparación psicoprofiláctica del parto.

No he copiado de nadie exactamente. He procurado adaptar las distintas formas de preparación que he visto, a la especial idiosincrasia de la mujer española.

Esta obra mía es una cosa muy modesta, como ya supondréis, y sin pretensiones científicas. Primero, porque no soy nada más que una matrona y segundo, porque, como ya dije al principio, todo este trabajo está hecho pensando en su aplicación práctica a grandes sectores en los que existe un desconocimiento absoluto de las cuestiones obstétricas. Estas charlas las he escrito para que todas vosotras compañeras y amigas, matronas de toda España os podáis aprovechar de ellas en la preparación de vuestras clientes y sin otra intención.

La preparación de las embarazadas de ninguna de las maneras se puede hacer únicamente por escrito. Hay que explicarles las cosas basta que las comprendan, con ayuda de los dibujos de esta obra, y si es posible reproducirlos en láminas grandes o sobre un encerado, con tizas de colores.

Hay que enseñarles prácticamente los ejercicios aunque éstos son muy sencillos.

No sobra nada en las charlas. A poco que las leáis detenidamente. veréis que es lo menos que se puede decir, pues he tenido mucho cuidado de no hacerlas largas para evitar el aburrimiento.

Hay que decirles todo, absolutamente .todo lo que os indico y de un modo especial y en esto estriba el éxito o fracaso de la preparación. Hay que decírselo afectuosa y cordialmente, con cariño, con interés, dentro del agradable ambiente de que os hablé y que es imprescindible.

Para lograr este ambiente, las charlas se hacen como una reunión entre amigas, citando a las señoras para un día determinado y hora adecuada a conveniencia de todas, dejando transcurrir un tiempo prudencial de ocho a diez días entre una charla y otra.

Con las cinco sesiones correspondientes a las cinco charlas es suficiente para hacer la preparación cuidando siempre que ninguna señora se quede sin entender alguna cosa, y haciendo una especie de repaso de la charla anterior antes de comenzar una nueva.

Amigas mías, he escrito este librito para las que sois como yo matronas por vocación, por amor al prójimo, para las que habéis pensado miles de veces en aliviar los sufrimientos de las madres, sin más interés que hacer el bien.

Os ruego que no veáis en él, lo poco que vale, sino la buena voluntad con que os lo ofrezco.

P R I M E R A C H A R L A

Tienen ustedes la suerte de estar embarazadas desde este punto de vista de alegría, de esperanza y de gozo, es desde el que las mujeres tenemos forzosamente que ver la perspectiva de dar a luz un hijo, de sacar de nuestras propias entrañas un ser que será para nosotras más nuestro y querido que ningún otro en el mundo.

Yo sé que todas ustedes participan de mi manera de pensar y que esperan con una impaciencia ilusionada la llegada de su niño.

Por eso, con lo poco que soy, quiero ayudarles para que ningún dolor ni ningún miedo turbe ese trascendental y hermoso momento de su vida. Ustedes no saben lo que es un parto y yo voy a hacerles unas aclaraciones que les permitan esperar el momento de su llegada con perfecto conocimiento de lo que se trata, de lo que hay que hacer y lo que hay que evitar.

Nadie emprende un negocio a ciegas y tener un hijo es una cosa suficientemente seria como para convencidas, y por eso voy a tratar, de aclarar estos conceptos con un sencillo ejemplo.

Supongamos que dos muchachos, igual de jóvenes e igual de fuertes, dan un paseo en barca, y ésta zozobra.

Sigamos suponiendo que uno sabe nadar y el otro no. ¿Qué ocurre?

Que el que sabe nadar, porque aprendió, naturalmente, pues nadie nace sabiendo cosa alguna. sabe lo que tiene que hacer. Automáticamente, en el momento de caer al agua, lo recuerda y lo practica mueve los brazos y las piernas y respira cómo le han enseñado, nada y se salva.

El otro no sabe nadar. Cuando cae al agua se asusta, piensa que se va a ahogar, grita patalea, y se hunde.

El mismo hecho de caer al agua, igual para los dos, por la diferencia de saber o no saber, para uno ha sido un sufrimiento y para otro un trabajo. Creo que el ejemplo está bastante claro y que todos ustedes lo habrán comprendido.

El parto produce dolor porque las mujeres no saben lo que tienen que hacer en el momento de dar a luz, y en su azoramiento y nerviosismo suelen hacer todo lo contrario, es decir, movimientos antinaturales, que impiden la evolución normal de todo el proceso y provocan el dolor.

Exactamente igual que en el ejemplo que les he puesto igual que los muchachos que iban en barca, entre una mujer preparada y otra sin preparación. la diferencia saber o no saber se traduce en sufrimiento o trabajo.

La que está preparada espera y sabe lo que va a pasar y lo que tiene que hacer en cada etapa de su embarazo y de su parto. Cuando el momento llega, obra con arreglo a sus conocimientos, ayuda a su organismo y da a luz felizmente y sin dolor. La no preparada no sabe exactamente lo que pasa en su organismo cree que su vida y su salud están en peligro, se asusta y el miedo crea un desequilibrio cerebral que provoca el dolor. Todos le dan consejos a cual más disparatado, porque nadie sabe nada, y así, en vez de ayudar a su parto, es ella misma, por su ignorancia, la que lo perturba y dificulta, dando a veces ocasión al sufrimiento fetal, al nacimiento de niños asfícticos y a intervenciones obstétricas.

Muchos partos acaban teniéndose que efectuar una aplicación de fórceps, porque las mujeres, agotadas, no pueden dar a luz solas, y las mujeres se agotan por su conducta intempestiva y antinatural en partos no preparados.

Esta preparación tiene por objeto que ustedes sepan dar vida a su hijo en las mejores condiciones para ustedes y para él.

Es como una Escuela de Mamás, en la que todas y cada una de ustedes habrán de realizar su propia personalidad tomando una participación moral activa e inteligente en el trabajo fisiológico de su organismo.

Van a realizar un trabajo, el del parto, el éxito del cual estará en proporción directa con su aplicación y su disciplina.

Si en vez de tratarse aquí, como antes dije, de una escuela de Mamás fuera una Academia de Corte, ustedes serían capaces al terminar el curso de hacerse por sí mismas un vestido o una bata. y éstos resultarían mejor o peor hechos según el interés y la atención que ustedes hubieran puesto en aprender.

Dije que yo comprendo que en sus mentes va sistemáticamente unida la idea parto = dolor.

Esta idea es errónea. El dolor proviene de un reflejo condicional que les explicaré en la próxima charla, y vuelvo a repetirles que hay que pensar en contracción uterina con su papel y sentido verdaderos, como representante del trabajo y no de la enfermedad de un órgano.

El corazón funciona, poco más o menos, como el útero, y su trabajo nos pasa casi inadvertido.

Yo voy a hacer con ustedes una preparación verbal adecuada a sus conocimientos y dirigida a su inteligencia. Nada de medicinas ni de gimnasias. No se trata más que de prepararse, capacitarse moralmente para cumplir una hermosa. y agradable función. Les voy a explicar minuciosamente en qué consiste el parto y cómo pueden colaborar activamente a su desarrollo.

Les ruego desde ahora. que no dejen pasar nada sin entenderlo perfectamente, que pidan todas cuantas aclaraciones necesiten a mis palabras, yo puedo no explicarme bien, y es preciso que ustedes comprendan todo.

En la lámina número 1 vemos el aparato genital femenino de frente y aislado, mostrando el aspecto tanto externo como interno del útero o matriz, trompas y ovarios.

El dibujo de la lámina número 2 nos muestra el mismo aparato como si hubiéramos dado un corte a lo largo del cuerpo de una mujer para que vean ustedes no solamente los órganos, sino la forma en que se encuentran colocados en relación con los órganos vecinos.

Pueden ustedes apreciar muy fácilmente que el útero es un saco musculoso de forma periforme y de paredes muy gruesas, lo que durante la gestación le permite ,ampliar enormemente su tamaño, pues .sus paredes crecen a expensas de su grosor, y al final de la gestación se ha convertido en un órgano unas quinientas veces mayor y de paredes muy finas. Como pueden ustedes comprobar también, el útero se comunica en su parte superior con los ovarios, a través de las trompas, y por su parte inferior con la vagina por medio del llamado cuello uterino.

La vagina se abre al exterior en un órgano denominado vulva.

Este es el aparato, el conjunto de órganos donde se realiza la fecundación y el desarrollo del huevo donde poco a poco, día a día se forma un niño.

En las inmediaciones del útero se encuentran la vejiga que a través de la uretra desemboca en el meato urinario y el recto que termina en el ano. Para que la fecundación se realice es precisa la unión de dos células o gametos masculino y femenino, como los que muestran los dos primeros dibujos de la lámina número 3.

El gameto masculino o espermatozoide penetra por el cuello del útero y avanza a lo largo del cuerpo uterino y de la trompa gracias a los movimientos de su larga cola vibrátil al encuentro del ganieto femenino u óvulo.

Miren ustedes el ovario (lámina 1 citada). En cada uno de esas bultitos dentro de una vesícula llamada de Graaft se desarrolla un óvulo cigameto femenino. Cuando éste está maduro, es decir en estado de ser fecundado la vesícula se rompe y el óvulo liberado cae por la trompa, aunque lo hace muy despacio por las anfractuosidades de la misma. Si en su camino por la trompa encuentra un espermatozoide es fecundado por éste y séalo o no, el óvulo prosigue su camino hasta llegar a la mucosa uterina, un tejido blando y muy vastularizado que tapiza interiormente el útero.

Si el huevo está fecundado le salen una especie de raicillas, con las que se agarra a la mucosa uterina para alimentarse de la sangre de ésta.

Si no está fecundado, la mucosa, que sin embarazo se renueva cada veintiocho días aproximadamente, lo arrastra en su caída, y sale mezclado con la hemorragia que se produce cada vez que se renueva esta mucosa, fenómeno que conocemos con el nombre de menstruación o regla.

Ahora veamos lo que ocurre dentro del huevo fecundado (láminas 3 y 4). El gameto masculino pierde su cola y se une al femenino, formando una sola célula. El huevo se agranda por multiplicación de esta célula, y llega a estar constituido por muchas semejantes, lo que le da un aspecto como de mora. Cuando se implanta en el útero, al mismo tiempo que le salen las raicillas, sus células se agrupan, formando una tacha o placa germinativa, de la que se formará el feto, y dos cavidades una se llama cavidad amniótica y la otra saco vitelino o cavidad umbilical.

Conforme se va desarrollando el huevo la cavidad amniótica se hace más grande, le rodea y forma la bolsa de las aguas, en tanto, y al mismo tiempo, la cavidad umbilical se alarga y de ella se forma el cordón umbilical. Las raicillas con las que se agarra el huevo a la mucosa uterina, llamadas vellosidades onales, y que le sirven para su sustento, se desarrollan en un punto y de ellas se forma la placenta. Un órgano en forma de torta con el que se hace el intercambio de sangre materno fetal.

Las vellosidades del resto de la superficie del huevo desaparecen al formarse la placenta pues el feto se nutre de la sangre que le llega a través de la placenta, y entonces ya no son necesarias.

En los dibujos de las láminas 3 y 4 citadas pueden ver muy claro el progresivo desarrollo del niño. Pero ¿de qué vive ?

No come ni respira. Sus pulmones están vacíos como una esponja seca y su aparato digestivo no funciona. Sin embargo su sangre es muy rica en oxígeno, y en la formación de su cuerpo intervienen calcio, hierro, grasas, fosfatos. etc.

¿De dónde los saca?

De la sangre materna. El cordón umbilical está compuesto de una vena umbilical que lleva al feto sangre de la madre cargada de oxígeno y de sustancias nutritivas y de dos arterias umbilicales que devuelven al organismo materno sangre fetal cargada de anhídrido carbónico y de sustancias de desecho. Es decir, que las funciones respiratoria y digestiva, de las que el feto está privado, las ejecuta el organismo de la madre por él.

Después de saber esto todas ustedes se darán perfecta cuenta, sin que yo se lo diga, de que están ustedes viviendo para dos.

Sin que insista se convencerán por sí mismas de que es preciso respirar muy bien y aire muy puro:

1. Para proporcionar al feto el oxígeno que necesita.

2. Para eliminar el exceso de ácido carbónico que se acumula en la sangre materna por adición del ácido carbónico fetal.

3. Para mantener en el organismo materno una fuerza muscular eficiente con vistas al trabajo del parto.

Además de doble oxígeno, su sangre debe contener dobles sustancias nutritivas. Hace falta comer para dos.

cuidado! No he dicho por dos, sino para dos. No se trata de comer doble cantidad, sino alimentos adecuados que puedan pasar fácilmente a la sangre y de ella al feto; que aseguren al niño la cantidad suficiente de nutrición para su perfecto desarrollo sin recargar el estómago de la madre, pues hay que tener un especial cuidado en mantener sanos y fuertes todos los órganos durante el embarazo.

Un simple empacho perjudica mucho al feto. El aparato digestivo materno perturbado es incapaz de extraer de los alimentos sustancias nutritivas para su paso a la sangre, y en cambio, las toxinas de la intoxicación digestiva pasan a la sangre y, por consiguiente, al feto.

De la misma manera comprenderán que hay alimentos y bebidas de los que deben ustedes privarse durante el embarazo en beneficio suyo y del bebé. Una buena higiene, en todos los sentidos, es la mejor garantía de un buen parto y de lograr en él un niño hermoso y sano.

Ahora les voy a enseñar un ejercicio respiratorio muy sencillo, pero que poco a poco amplía la capacidad torácica, resultando muy beneficioso por lo que les he explicado de respirar debidamente. Además, una respiración correcta y profunda les facilitará el parto, y durante el embarazo les suprimirá molestias y sofocos que hemos venido atribuyendo al desarrollo progresivo del útero, cosa que no tiene por qué molestar, pues está hecho para crecer. Estos sofocos, en realidad, se deben a la acumulación en la sangre de productos de desecho del feto que, con la respiración, son eliminados junto con el ácido carbónico de la madre.

Este ejercicio respiratorio consta de tres tiempos. Les recomiendo que lo hagan despacito, sin nada que les apriete el pecho y, naturalmente, en un sitio que haya aire lo más puro y sano posible.

Primer tiempo: Inspiración por la nariz, con la boca cerrada, lenta y todo lo profunda que se pueda.

Segundo tiempo: Abrir la boca, dejando escapar el aire por ella.

Tercer tiempo: Soplar muy despacito, como para inclinar, sin apagarla, la llama de una vela.

Deben ustedes repetir este ejercicio cinco veces por la mañana y otras cinco por la tarde.

Referente a su alimentación voy a darles también unas instrucciones tan sencillas y fáciles de practicar como las anteriores.

Deben ustedes tratar de suprimir la sal tanto como les sea posible. Si durante el embarazo no la probaran sería lo ideal.

¿No han observado ustedes el efecto de la sal sobre las carnes y pescados curados con ella ? ¿Qué ocurre? Que se ponen duros, tanto más duros cuanta más sal tienen. Nosotras al ir a la compra rechazamos por salados los pescados muy tiesos. ¿No es verdad?

Sobre la carne viva del organismo humano el efecto de la sal es el mismo. Sus tejidos se volverán tiesos y duros, creando complicaciones en el parto si toman ustedes mucha sal durante su embarazo.

Además, la sal fija el agua en los tejidos, provocando edemas muy molestos y frecuentemente asociados a trastornos renales.

Es natural que ciertos alimentos no son agradables de tomar sin sal, pero estos alimentos, salsas, etcétera, generalmente no son beneficiosos ni apetecibles durante el embarazo, y pueden ustedes sustituirlos por otros más agradables y que no lleven sal. Por ejemplo, la carne asada a la parrilla, con zumo de limón, sin sal, está muy sabrosa. Los quesos blandos y la mantequilla sin sal son apetitosos y de mucho alimento.

Hay que suprimir en absoluto las especias y excitantes, así como las bebidas de fuerte concentración alcohólica y los alimentos de difícil digestión. Recuerden ustedes siempre que deben evitar a toda costa las indigestiones y cólicos, que perjudican extraordinariamente, al niño.

Deben ustedes tomar todos los días frutas y verduras o legumbres frescas, cuyas vitaminas son imprescindibles para el desarrollo del feto. La leche fresca es uno de los alimentos que más benefician en este estado, y deben ustedes tomar, por lo menos, dos vasos diariamente.

El calcio contenido en la leche se asimila fácilmente, y de este calcio se formarán los huesos de su hijo, que de otra forma lo harán robando el calcio a ustedes, provocándoles dolores y caries dentarias.

Como ven, todo lo que les he dicho es muy razonable, fácil de comprender y de ejecutar.